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Ingredientes

  • 1/2 kg de sardinas
  • 8 dientes de ajo
  • 2 cayenas
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Vinagre de sidra
  • Perejil picado
  • Sal
Personas Tiempo Calorías Dificultad
215minMuy fácil

Instrucciones

Preparación previa

  1. Sumergimos las sardinas limpias en agua con hielos para que se terminen de limpiar y se desangren.
  2. Una vez se hayan desangrado, las escurrimos y las secamos en papel absorbente.

Para hacer la ajada

  1. Añadimos una buena cantidad de aceite a una sartén y la ponemos al fuego con una par de cayenas secas.
  2. Quitamos la piel de los ajos y los cortamos a la mitad. Retiramos el germen de cada mitad de ajo y los posamos por la parte plana. Los laminamos cortándolos muy finamente.
  3. Una vez el aceite haya cogido temperatura, añadimos todo el ajo laminado y lo rehogamos en él. Freímos el ajo hasta que este esté cocinado y ligeramente dorado y crujiente, pero teniendo cuidado de que no se nos tueste demasiado ya que terminaría amargando.
  4. Una vez frito el ajo, lo colamos para que se deje de cocinar y para separar el aceite del ajo.

Para hacer la sardina

  1. Limpiamos la sartén y la secamos. Con la sartén ya limpia, vamos disponiendo todas las sardinas, una junta a otra y del centro hacia afuera, de modo que una tras otra terminen cubriendo toda la circunferencia de la sartén.
  2. Salamos las sardinas.
  3. Cogemos el aceite en el que hemos frito el ajo y que hemos filtrado anteriormente y lo volcamos sobre las sardinas. Llevamos la sartén a fuego alto, para que el aceite coja temperatura y empiece a cocinar las sardinas lo más rápidamente posible.
  4. Cuando el aceite empiece a freír las sardinas, añadimos un chorro generoso de vinagre, reincorporamos el ajo laminado frito y apagamos el fuego.
  5. Espolvoreamos con una buena cantidad de perejil picado y tapamos la sartén con una tapa, para que el pescado se termine de cocinar con el calor residual junto con el aceite, la cayena, el vinagre y el perejil.

Pasos finales

  1. Servimos las sardinas, colocando el ajo laminado y frito sobre ellas y bañándolas con una pequeña cantidad del aceite donde las hemos cocinado, que contará con todo el sabor del ajo, la cayena, el vinagre y el jugo que habrán soltado las propias sardinas al cocinarse tan lentamente.

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